Por: Pedro Márquez
En la semana del economista se dijeron muchas cosas, algunas coincidentes otras muy disímiles entre los ponentes, pero quedaron dos interrogantes muy importantes: ¿Está el país creciendo en el sentido correcto? y ¿Frenamos o no este crecimiento, para controlar la inflación?. En este artículo analizaremos y daremos respuesta a estas preguntas.
Todos los expositores coincidieron en que la economía peruana está creciendo sostenidamente, desde principios de la década, exactamente desde el 2002. Pero algunos ponentes dijeron que en los dos últimos años este crecimiento ya no es jalado por las exportaciones, sino por la demanda interna. Frente a ello Waldo Mendoza sostuvo, que era urgente frenar el crecimiento, aunque aclaró no de golpe sino gradualmente, por el peligro de un rebrote inflacionario ya que este era creado por la demanda interna. Enrique Cornejo por su lado sostuvo que si bien los precios han empezado una escalada, estos son los “costos del crecimiento” y había que sostener “la mano firme en el timón” y seguir creciendo. Se planteo así una disyuntiva, ¿Que hacer, crecer o no?.
Yo sostuve en mi charla, que el actual crecimiento surgió (como siempre ha sucedido en Perú) por el impulso de las exportaciones y aun continúa fundamentalmente así, aunque con efectos rezagados en los dos últimos años. De este modo este crecimiento es “más de lo mismo” ya había sucedido en el pasado, por ejemplo entre 1950 y 1957 el PBI creció por 7 años al 6% promedio anual y entre 1960-1966 volvió a crecer por otros 7 años al 7.5% anual. El hecho que en los dos últimos años la demanda haya crecido fuertemente no significa que podrá prolongarse y la demanda interna se transforme en la locomotora que impulse nuestro crecimiento en forma sostenida. El Perú no podrá crecer por demanda interna en el largo plazo, fundamentalmente porque posee un mercado interno muy estrecho debido a la pobreza generalizada que impera. El crecimiento por la vía endógena requiere una amplia clase media y es imposible en un país con 45% de pobreza generalizada y 18% en pobreza extrema. El actual crecimiento por 6 años no ha logrado revertir esta pobreza y marginación como no lo ha hecho en realidad en más de 186 años de vida republicana.
Es aquí donde está el meollo de nuestro problema. Estamos creciendo pero no desarrollándonos y modernizándonos, porque solo nos fijamos en el crecimiento del PBI y no en la calidad de este crecimiento. Contrario al sentir entusiasta de la mayoría que aplaude el actual crecimiento, yo considero que estamos perdiendo una oportunidad histórica de crecer y simultáneamente transformar nuestra estructura productiva hacia la producción de bienes más complejos, con mayor valor agregado.
Por ello, no se trata de frenar o no frenar el crecimiento, esta es una visión de corto plazo de nuestra economía condicionándola al rebrote inflacionario, es el típico manejo coyuntural. Hay que mirar el largo plazo para entender si estamos o no avanzando hacia la modernidad, si lo hacemos notamos que a 1990 el sector de transformación representaba un quinto del PBI y a fines del año 2007 sigue siendo un quinto. No hemos avanzado en estos últimos 16 años, seguimos siendo un país de producción primaria. Este es un indicador que este tipo de crecimiento no es el que nos sacará del subdesarrollo.
Ahora bien, Enrique Cornejo sostuvo que a pesar de estar creciendo debemos preocuparnos por elevar la productividad, porque es la única vía para lograr la competitividad. En esto estamos todos de acuerdo, porque solo así podemos modernizar el país y resolver nuestros problemas de pobreza, pero se quedó corto porque no dijo el como.
Por su lado Richard Webb nos dijo que, contrario a la creencia que la titulación formal es un impedimento para el crecimiento de los sectores informales porque esto impide el otorgamiento del crédito, este había crecido fuertemente sin títulos de los prestatarios. Esto es evidentemente una nueva salida de los informales para resolver sus problemas e indudablemente favorece al país. Enrique Cornejo nos dijo también, que en su investigación sobre la competividad había descubierto que hay muchas empresas que están entrando en la producción y exportación de servicios médicos, producción de software y otros servicios calificados. Ambos hallazgos son importantes porque nos comprueban que los informales no se quedan y a pesar de todas las barreras que encuentran avanzan para seguir creciendo.
Pero volvamos a la pregunta inicial, ¿seguimos creciendo o paramos el crecimiento?. Mi respuesta es que debemos seguir creciendo pero por la vía correcta, que nos lleve mucho más rápido a la modernidad y esta vía es produciendo bienes y servicios cada vez más complejos con mayor valor agregado. Esto es, nuestro objetivo debe ser dejar atrás la producción de materias primas para avanzar a producir bienes manufacturados y servicios complejos. Frente a esto cabe preguntarse, ¿que hemos hecho al respecto?. ¿Que ha hecho el estado para avanzar hacia la modernidad?. Venimos dedicando un magro 3.2% y 0.16% de nuestro PBI a la educación y la investigación, mientras Chile asigna a esos fines el 4.2% y 0.68% de su PBI respectivamente. Tenemos una educación pésima, la peor de la región, un sistema de educación superior donde reina la comercialización y no la calidad, un estado donde campea la corrupción y la ineptitud, un déficit de infraestructura de más de $ 23,000 millones etc.etc. En realidad el estado ha hecho muy poco para apoyar el esfuerzo del sector privado, particularmente el esfuerzo de los informales. Como resultado de ello nuestras exportaciones no tradicionales son aun muy pequeñas y estos últimos 6 años de crecimiento continuo, no está cambiando favorablemente nuestra estructura productiva hacia bienes con mayor valor agregado, como ya lo vimos. Seguimos como productores primarios y no podrá ser de otro modo con un estado que no posee una estrategia que nos conduzca a la modernidad.
¿Qué hacer entonces para ser mas competitivos?. Ante esta pregunta me reafirmo en lo que ya dije: el error está en que estamos dejando que el mercado determine nuestra evolución económica, esperando que este nos haga más competitivos. Esto es antihistórico. La evidencia mundial nos prueba que ningún país que se ha desarrollado rápidamente lo ha hecho por la fuerza espontánea del libre mercado. El desarrollo, la competitividad y la modernización de una economía, solo surge por decisión política y es por tanto algo que tiene que ser liderado y apoyado vigorosamente por el estado, pero por supuesto por un estado eficiente. Esta es la experiencia mundial, lo prueban la experiencia de Japón, Corea, Taiwán, China e inclusive, en su tiempo fue lo que hicieron los países hoy desarrollados (1). De este modo mi primera conclusión, es que debemos seguir una estrategia para modernizar el país y esta pasa por efectuar cambios institucionales y simultáneamente, fomentar e incentivar la modernidad y la competividad empresarial con medidas microeconómicas. El logro de la estabilidad macroeconómica no basta para lograr la mayor competitividad que el desarrollo exige (2). Yo propongo en este sentido una estrategia de desarrollo industrial que denomino de “Protección Selectiva”, muy diferente a la protección sectorial de la fracasada “Protección a la Industria Infante” del pasado. Este nuevo enfoque de desarrollo industrial es eminentemente microeconómico y sus características son: es una protección con un horizonte temporal predeterminado. Esta protección es decreciente, planificada y supervisada, es aplicada en forma discriminada a cadenas o redes de empresas, basada en los encadenamientos hacia atrás actuales o potenciales y en los “clusters”(3). Esta estrategia debe inscribirse en un manejo económico que cuide los equilibrios macroeconómicos y los equilibrios macrosociales.
No son menos importantes ciertas reformas institucionales urgentes, entre ellas: la reforma del estado para hacerlo eficaz y honesto, la reforma del poder judicial para convertirlo en un ente que contribuya al desarrollo de los mercados y sobre todo la reforma profunda de la educación, para construir sobre ella una base tecnológica, condición indispensable para industrializar el país.
Por el lado del control de la inflación, no hay que alarmarse. Si hacemos un examen de largo plazo, observaremos que el Perú vivió por espacio de 23 años con una tasa de inflación promedio anual de 8.7%, salvo 3 años de repuntes por encima del 10% y hubiésemos seguido a esas tasas, si no hubiera sido por los gravísimos errores del primer gobierno aprista.
Por tanto, ante la pregunta ¿paramos el crecimiento para eliminar la inflación?, mi respuesta es por ahora no. Pero reorientemos el crecimiento por el camino correcto, como ya se dijo arriba. Respecto de la inflación debe señalarse que no se trata de tener completa estabilidad, lo que necesitamos es conciliar cuanto de inflación podemos soportar con una tasa de crecimiento deseada que nos conduzca a la modernidad.
El problema de cómo combatir a la inflación actual, no es tan simple como reducir la masa monetaria y encarecer el crédito vía el alza del encaje bancario o la tasa de referencia, este es un manejo coyuntural y parcial de la inflación. Aunque no negamos que estas medidas reducirán la demanda y con ello frenarán el alza de precios, a un costo social por supuesto, estas medidas no acabarán con las causas de esta inflación que yacen en la oferta. En efecto, a pesar que todos reconocemos que buena parte de la inflación se debe a los cuellos de botella que tenemos en la oferta de ciertos productos alimentarios básicos, nada se hace desde hace décadas y en general la agricultura dedicada al consumo interno permanece abandonada. El argumento siempre es el mismo, el problema agrícola es de largo plazo por ello no es parte del combate a la inflación. Pero y ¿cuando empezamos?. Yo me reafirmo, en mi convicción que la inflación actual es en gran parte de bienes alimentarios y hay que combatirla, aunque dure años, eliminando los estrangulamientos de los productos alimentarios, modernizando nuestra agricultura, ideando mecanismos de comercialización que eviten la excesiva y malsana intermediación de estos productos. Además, recordemos, no hay país que se haya industrializado rápidamente con una agricultura atrasada.
pmarq10406@sbcglobal.net
(1) Ha Hoon Chang, “Kicking Away the Ladder”, Joseph Stiglitz “Globalization and its Discontents”.
(2) Michael Porter, “Location, Competition and Economic Development: Local Clusters in a Global Economy”, Christian H. M. Ketels, “The Development of the Cluster Concept, Present Experience and Further development”.
(3) Pedro Marquez, “Revolucion de la Democracia”.